PLATON ESENCIAL. TODO LO BUENO ES BELLO Y LO BELLO NO CARECE DE MEDIDA

PLATON ESENCIAL. TODO LO BUENO ES BELLO Y LO BELLO NO CARECE DE MEDIDA

Editorial: MONTESINOS
ISBN: 9788416995387
$ 640.00

A los ojos de Platón, la crisis de los valores ético-políticos de su época y la de las creencias de los hombres acerca del mundo y de sí mismos eran dos caras de la misma moneda: intuía que el desorden, la inconstancia, el azar y la incertidumbre que lo filósofos habían descubierto en el universo eran, de alguna manera, los mismos que agitaban a las sociedades de su tiempo; y Platón anhelaba el orden, la ley, la repetición, la certeza, en la sociedad lo mismo que en el pensamiento. Las proposiciones matemáticas gozaban, para Platón, de una certeza indubitable: los objetos de que trataban (números, líneas, círculos…) eran, en fin de cuentas, los únicos objetos conocidos que se comportaban dócilmente tal como mandaba la diosa de Parménides: eran lo que eran y no podían no serlo, eterna e invariablemente. Era razonable pensar, sin embargo, que ese privilegio lo comparaba al precio de no ser de este mundo, de no ser, como hoy diríamos, reales.

A los ojos de Platón, la crisis de los valores ético-políticos de su época y la de las creencias de los hombres acerca del mundo y de sí mismos eran dos caras de la misma moneda: intuía que el desorden, la inconstancia, el azar y la incertidumbre que lo filósofos habían descubierto en el universo eran, de alguna manera, los mismos que agitaban a las sociedades de su tiempo; y Platón anhelaba el orden, la ley, la repetición, la certeza, en la sociedad lo mismo que en el pensamiento. Las proposiciones matemáticas gozaban, para Platón, de una certeza indubitable: los objetos de que trataban (números, líneas, círculos…) eran, en fin de cuentas, los únicos objetos conocidos que se comportaban dócilmente tal como mandaba la diosa de Parménides: eran lo que eran y no podían no serlo, eterna e invariablemente. Era razonable pensar, sin embargo, que ese privilegio lo comparaba al precio de no ser de este mundo, de no ser, como hoy diríamos, reales.